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¿Es mi naturaleza rebelarme a todo o realmente sigo un principio? Sí, el principio de la igualdad, dónde el medio que usas es la rebelión contra las masas, en busca de la igualdad. Y la nefasta consecuencia de ésto es el apego hacia los débiles, la necesidad de protegerlos, de estar al mando de las minorías, en posición defensiva, esperando los inminentes ataques. ¿Está bien ser así? ¿Ser la fuerte de los débiles? La que intente imponer la razón sobre la fuerza, la justicia sobre el beneficio, intentando establecer los parámetros del equilibrio, de la igualdad verdadera, la que es establecida bajo cualquier parámetro, donde sólo importa quién desarrolló primero la idea, y en base a ese primer estado, imponer la igualda. ¿De eso se trata mi vida, de perseguir la razón, de promover la justicia, más allá de si me conviene o no? Sí, de perseguir la razón, alcanzar los estados de sapiencia puros y objetivos, de saber qioén es quién sólo con un gesto, de controlarme, de ser capaz de gustar o no algo sólo en pro de mi bienestar, el cual no es más que la equidad, donde irónicamente, me gusta ganar, me gusta sentir como la equidad gana sobre el egoísmo, sobre la debilidad y la pobreza de espíritu de los seres que imponen la fuerza, de derrotar al enemigo de manera ecuánime, de manera noble, de manera magnífica, cual verdadero líder. Desconozco el tema de mi triunfo, y pido disculpas a quienes molesta que a mí me guste que me digan lo
que soy, pero crecí rodeada de los ejemplos de seres ordinarios que mencioné, mis raíces se abrieron paso entre mucha maleza, entre muchos intentos de arrebatarme las ganas de pelear e imponer mi razón y mi lógica, ere, bien porque no la dejan, bien porque simplemente no es su destino, pero yo sí pude, y aún cuando he flaqueado últimamente más de lo que debería, porque mehe dejado alienar de esa maleza perenne, aquí estoy, con mi esencia pura y fresca lista para renacer y para de una vez por todas, germinar y empezar a dar los frutos para los cuales sé que fui concebida. No hay un dogma, no hay un dios, no hay ninguna fuerza más allá del real cauce de la naturaleza, de la inerte ley de la vida. Y esa soy yo, pura en esencia, a merced del camino que mi espíritu me dicta seguir.
Sí, yo, Angélica.


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